Volver al menú principalVolver al menú principal Daiza tercero
 
Este daiza será aún más elaborado y caprichoso. Es uno de esos trabajos que hay que hacer poco a poco, a ratitos. Si tuviéramos que encajarlo en algún estilo, diría que está inspirado en los daiza del sur de China. Para su fabricación vamos a utilizar madera de nogal. Es una madera noble que se trabaja muy bien y, sin ser demasiado dura, acepta bastante bien el pulido.

 

Observemos en la imagen las piezas que lo componen cortadas previamente. Como se puede apreciar, todas ellas están cortadas en sentido longitudinal a la veta. Éste es un requisito indispensable para evitar alabeos y roturas.

 

A la base principal del daiza le daremos unos cortes para la colocación de las patas, de manera que éstas salgan un quinto de su anchura. Lo hacemos con el fin de que la curva que proyecte la pata sobresalga de la plataforma del daiza.

 

Aquí vemos posición y lugar para encajar la piedra, por el sistema descrito en "daiza primero". Para facilitar la labor no encolaremos la pieza hasta que tengamos la piedra perfectamente encajada.

 

En esta imagen podemos apreciar la piedra perfectamente encajada. Cuando ésta es considerablemente alta, tendremos que cuidar mucho que la sujeción sea perfecta para que no se tambalee. Un ajuste defectuoso puede ser la consecuencia de una caída, con el consiguiente riesgo de rotura.

 

Las patas y la base se pegarán con cola blanca. Si se quiere se puede hacer el montaje con espigas, pero, teniendo en cuenta la resistencia de los pegamentos actuales, podemos hacerlo sólo con cola. Para mantenerlas en posición las podemos sujetar con sargentas, aunque también lo podemos hacer mediante un torniquete. Como se ve en la imagen, por simple que parezca, el método es muy efectivo.

Este tipo de colas son de secado rápido, por lo que en media hora podemos seguir trabando.

 

En esta imagen podemos observar un ligero esbozo y el inicio de la talla. La intención es la de crear un efecto de oleaje, tallando unas olas un tanto figurativas.


En estas dos imágenes podemos apreciar la talla terminada por sus lados delantero y trasero.

 


El siguiente paso consiste en ir diseñando las patas. Para ello empezaremos eliminando la madera sobrante de los lados.

 

En una cartulina cortada a la medida diseñaremos el contorno de la pata. Con esta plantilla dibujaremos la pata por los ocho lados.

Siguiendo el trazado, y con ayuda de las escofinas y las gubias, eliminaremos la madera sobrante. Recalcaré de nuevo la necesidad de tener en cuenta la dirección de la veta. Las operaciones de talla en piezas tan estrechas son peligrosas, y si no trabajamos en dirección contraria a la veta se nos puede astillar la madera con mucha facilidad.

 

Para rematar el diseño de las patas, una vez terminado el paso anterior, la base de la pata nos tiene que quedar con una figura similar a la de la imagen. En su centro marcaremos un círculo, que será el diámetro máximo de la parte baja.

 

 

En la imagen podemos apreciar el resultado del trabajo. Después de esto nos queda una delicada labor de refinado de las formas. Con la ayuda de las escofinas y las limas redondearemos todo el daiza hasta dar por terminando el diseño.

 

Por fin podemos dar por terminada la talla. El siguiente paso consiste en un lijado y posterior pulido. Por supuesto, armados de paciencia.

 

Éste es el resultado del lijado y el pulido con lana de acero. Al final hemos obtenido un daiza vigoroso y elegante que armoniza con la piedra dando absoluta sensación de estabilidad.

 

Por fin, el trabajo totalmente concluido. Para obtener este acabado he puesto una mano de aceite de linaza, que tiene la virtud de realzar toda la intensidad de color de las maderas. Después de seco, una mano de cera y un buen pulido con un paño han dado lugar al acabado que podemos apreciar en la imagen.