Volver al menú principalVolver al menú principal Daiza segundo
 
En esta ocasión vamos a fabricar el daiza para una piedra barco. Para la ocasión utilizaremos un taco de madera de sapelly. Como la piedra es muy oscura, al final nos veremos en la necesidad de teñir la madera para que estén en armonía los colores. El espesor de la pieza es aparentemente excesivo. Esto se debe a que vamos a tallar un motivo ornamental que además nos va a ayudar a mantener la piedra en posición.

 

Con este primer boceto se puede captar la idea. Ahora necesitaremos una sierra de calar para eliminar todo el perímetro.

 

Una vez realizado el primer corte, se empieza a ver la idea del diseño con más claridad.

 

Para esta operación podemos utilizar un serrucho. La razón por la que utilizo esta herramienta es que la longitud del corte supera los 10cm, longitud máxima que puede cortar la caladora. La anchura que vamos a dejar para realizar el soporte va en proporción a la base de la piedra. El hecho de hacerla de mayor o menor tamaño dependerá del motivo decorativo que queramos tallar.

 

Una vez hechos los dos cortes procederemos a encajar la piedra en el soporte de la misma manera que con el primer daiza: papel de calco y mucho cuidado. Hemos de tratar de no perder la posición original según vayamos encajando la piedra.

 

Ya tenemos ajustada la piedra. La razón por la que no lo está del todo es que pretendo crear la sensación de que el barco flota y avanza sobre las olas.

 

Para realizar esta operación utilizaremos las gubias. El trabajo consistirá en ir ahuecando la madera de forma cóncava a lo largo de la línea marcada como se diseñó, tanto por arriba como por abajo. Después marcaremos todo el perímetro por el que vamos a realizar la moldura, así como el lugar donde realizar las patas y su tamaño.

 

Para construir la moldura del canto superior podemos utilizar la gubia de ángulo y luego rematar todo el perímetro con una lima cuadrada o con papel de lija colocado sobre un taco de madera, de forma que podamos lijar con la esquina. Hecho esto, procederemos a rematar las patas.
Seguidamente, utilizando las lijas de grano grueso y fino, acabaremos el trabajo hasta darlo por terminado tras pulir con la lana de acero. El resultado final es un bonito aspecto satinado.

 

Después de pulir la madera apreciaremos el color de tono claro que posee generalmente el sapelly. Al ser la piedra tan oscura, el daiza destaca demasiado y le quita protagonismo a la piedra. Para solucionar este inconveniente tendremos que teñir la madera, de forma que el daiza no desentone. El acabado que podemos apreciar en la imagen es fruto del pulido. Todavía no tiene aplicada la cera.