Volver al menú principalVolver al menú principal Daiza primero
 
El primer paso, una vez conseguida la madera, que en este caso es de sapelly, será marcar la línea por donde tenemos que realizar el vaciado. Para ello colocaremos la piedra en sentido longitudinal a la veta de la madera y marcaremos su contorno con el lápiz, de forma que la punta coincida con la vertical del borde de la piedra. Si no cuidamos este detalle, nos pueden quedar holguras que desluzcan el trabajo.

 

El segundo paso consiste en remarcar con las gubias todo el perímetro anteriormente dibujado. Para ello iremos utilizando estas herramientas de manera que se adapten sus curvaturas a las del perímetro marcado. En algunos tramos podremos realizar una parte importante de la tarea con la gubia plana, y en otros deberemos seguir el recorrido ajustando las curvas de las gubias de la mejor manera posible. Un par de golpes suaves y secos con la maza, en cada posición de la gubia, será suficiente. Haciendo así, evitaremos en parte que se pueda astillar el borde exterior, al estar ya cortada la veta. Por supuesto que quien prefiera hacer el vaciado con fresadora es libre de ello, pero a mí me resulta más gratificante hacerlo a mano.

 

Para realizar el vaciado recomiendo cortar con la gubia desde el borde hacia dentro por todo su contorno y luego al contrario, desde dentro hacia fuera. Siempre intentaremos no meter la gubia a favor de la veta para impedir que se nos astille la madera. Al realizar los cortes a la contra evitaremos este inconveniente. Para controlar los posibles lugares donde la piedra roce o pegue en el fondo impidiendo el perfecto ajuste, utilizaremos papel de calco.

 

Éste nos irá señalando los lugares en los que tenemos que rebajar la madera con vistas a conseguir un acabado perfecto. En la imagen podemos ver los lugares marcados por el calco. Rebajaremos todas las zonas marcadas y repetiremos la operación de control. En los bordes hemos de tener cuidado para asegurarnos de que en los lugares marcados pega la piedra realmente. En ocasiones, justo cuando encajamos la piedra, rozamos en el borde, por lo que queda una falsa marca. Otras veces, al encajarse la piedra, el papel de calco se pliega aumentando su espesor, y esto hace que se produzca una marca que tampoco obedece a la realidad. A pesar de estas pequeñas pegas, el sistema es uno de los que me ha funcionado mejor. Otra posibilidad es la de impregnar la base de la piedra con tiza y, de la misma manera que la anterior, ir rebajando las zonas marcadas. Aconsejo tener el máximo cuidado al retocar los bordes para que no se nos escape la gubia. Aunque siempre es posible encolar una astilla, es mejor no verse obligados a hacerlo.

 

La operación de poner el papel de calco la haremos todas las veces que sea necesario, hasta que la piedra encaje perfectamente. La paciencia, en estos casos, es una de las mejores herramientas.
Cuando tengamos la piedra bien encajada procederemos a cortar la madera sobrante. Esta operación la deberemos realizar siempre después de encajar la piedra, nunca antes.

 

Para marcar el perímetro nos plantearemos si vamos a dejar el reborde con algún escalón o liso. Como pretendo que este daiza sea sobrio, teniendo en cuenta que es nuestro primer trabajo, marcaremos un borde de unos tres o cuatro milímetros, pensando en que cuando refinemos el daiza lo reduciremos al límite.

 

El corte de todo el perímetro lo podemos realizar con una sierra de calar o una eléctrica de marquetería. Si no disponemos de estas herramientas, también lo podremos hacer con una sierra manual de marquetería. El siguiente paso consistirá en marcar la parte baja que tenemos que vaciar para que el daiza se soporte sobre las patas.

 

También será necesario marcarlas por debajo. Cuando nos planteamos el lugar donde situar las patas nos suelen surgir dudas. Para solucionar el problema observaremos las diferentes alturas de la piedra y las curvas más sobresalientes del daiza. Si las curvas más pronunciadas coinciden con las partes más altas, habremos encontrado el sitio ideal. En caso contrario nos veremos obligados a poner dos patas a cada lado del centro de gravedad óptico, y, siempre que sea posible, hemos de poner una pata a cada lado del daiza, de manera que visto de frente tenga una estabilidad absoluta.

 

Por último, hemos de procurar que las patas que queden a la vista sean impares. No obstante, si nos vemos obligados a poner cuatro patas, que es el numero par más evidente, nos cuidaremos de que las distancias entre ellas sean lo más asimétricas posible. Una vez que tengamos todas las patas bien marcadas procederemos a vaciar la base como se ve en la imagen. En los daiza muy grandes es conveniente dejar en su centro una zona sin rebajar, para que el peso se pueda asentar sobre ella y no se combe.

 

Éste es el momento en el que nuestro trabajo se empieza a ver. Todas las operaciones que hemos realizado hasta ahora han sido delicadas. Hemos corrido el riesgo de romper el fino borde o una pata, pero si no realizamos las siguientes operaciones con gusto y finura, el daiza, al final, no realzará la piedra. Hemos de tener en cuenta que una piedra de no gran belleza puede ser realzada con un daiza elegante. Si velamos una buena piedra con un mal daiza no nos sentiremos demasiado satisfechos con nuestro trabajo.

 

Para el siguiente paso utilizaremos las escofinas y la lima. Con ellas iremos redondeando toda la parte baja del daiza. Para ello tenemos que impulsar las herramientas con un movimiento de vaivén. Para la ocasión, el diseño de las patas va a ser sencillo y fácil de construir, pero elegante. Para futuros trabajos podemos estudiar multitud de tipos de patas en otras páginas web.

 

La parte superior del borde requiere un poco más de mimo. Hay que redondearla al principio con las escofinas, pero el remate final deberemos hacerlo con la lima para que no se astille.

 

En el siguiente paso sí que debemos esmerarnos. El resultado que podemos ver en la foto es el obtenido mediante el lijado manual. Primero se ha utilizado una lija para madera del calibre 80 hasta hacer desaparecer todas las marcas de la lima. Al lograrlo, lijaremos todo de nuevo con una lija más fina, por ejemplo del 180. En este momento podremos ver perfectamente todo el dibujo de la veta. Para conseguir el pulido final utilizaremos lana de acero del calibre 000.

 

La terminación se puede realizar con barnices o lacas. Si vamos a utilizar este método no es necesario pulir demasiado la madera, porque los barnices o las lacas se encargan de la terminación. Para estos acabados recomiendo emplear productos satinados. Si por el contrario preferimos un acabado más natural, terminaremos el daiza con una mano de cera. Con este método, la piedra y la madera estarán en mejor consonancia como elementos naturales que son. Por último, no siempre podremos conseguir que el color de la madera armonice bien con la piedra. En estos casos nos veremos en la necesidad de aplicar algún tinte. Yo recomiendo colores oscuros, como los marrones rojizos o el negro, para piedras oscuras.

 

Espero que estos apuntes os resulten de utilidad. Os deseo suerte en vuestro primer daiza.

A continuación iniciaremos la fabricación del segundo daiza. Éste será un poco más complejo que el anterior. Espero que lo podáis realizar en alguna ocasión, con motivo de alguna bella piedra.